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Discurso del Presidente de la República, Mauricio Funes referente a la erradicación de la violencia contra las mujeres PDF Imprimir E-mail

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Querida familia salvadoreña:

Muy buenas noches.

Hace dos semanas tomé contacto con ustedes a través de este medio para rendirles cuenta de lo que hace el gobierno para ayudar a superar los problemas que vivimos.

No es mi costumbre utilizar tan a menudo este espacio que brinda la cadena nacional de radio y televisión, pero un tema que nos conmueve a todos y todas me obliga a llegar nuevamente esta noche hasta sus hogares.

Quiero dirigirme al pueblo, pero en especial a nuestras mujeres. A las mujeres salvadoreñas quiero hablarles directamente, de corazón a corazón.

Estamos conmovidos en estos días por hechos de gran repercusión relacionados con la violencia contra la mujer. Saben a qué refiero.

Fuimos testigos de un episodio que protagonizó un diputado de la Nación y del salvaje asesinato de una niña, una atleta, una esperanza para su familia y nuestro pueblo: Alisson.

Son hechos que despiertan, naturalmente, la atención de los medios de comunicación, y durante días vemos en la televisión, escuchamos en la radio y leemos en los periódicos detalles de esos hechos repudiables.

Pero la experiencia que tenemos en este sentido es que una vez pasado el interés periodístico por los hechos, volvemos –para decirlo de alguna manera- a la calma, y continuamos con nuestra vida cotidiana; volvemos al día a día, como si nada hubiera sucedido.

Pero no es verdad que nada sucede cuando el tema de la violencia contra la mujer no está en la primera plana de los medios.

Sigue sucediendo, dolorosamente, que centenares de mujeres son asesinadas, golpeadas, violadas, amenazadas, secuestradas, forzadas a prostituirse, sacadas clandestinamente del país, etc. etc.

Si vemos las cifras del año pasado, solo en el área metropolitana de San Salvador, 20 de cada 100 mujeres se separaron de su pareja por violencia física.

Cada hora dos mujeres denunciaron ser víctimas de agresiones, y en los primeros cinco meses de ese año se perpetraron 207 homicidios de mujeres.

Las autoridades del Instituto Salvadoreño de la Mujer (ISDEMU) me dicen: “Presidente, este es un drama, un drama que sabemos cuándo empezó pero que no sabemos cuándo terminará”.

Vivimos en una sociedad donde nuestras mujeres y sobre todo niñas no pueden caminar libremente por las calles u ocupar, sin riesgo extremo, los espacios públicos.

El año pasado moría una mujer asesinada cada 18 horas, y aunque esta cifra ha descendido drásticamente en los últimos tiempos ¿debe esto dejarnos tranquilos?

¿Nos cruzamos de brazos, cuando en los días próximos nos hayamos olvidado de los episodios que ahora nos conmueven?

¿O vamos a tomar de una vez por todas al toro por los cuernos y decir “Basta”?

Basta de hacer de la mujer la víctima de todas nuestras frustraciones y fracasos, de nuestros impulsos violentos; basta de hacer de la mujer el objeto de la ira desatada por el alcohol o la droga.

Nadie puede ignorar que El Salvador es un país violento, que la violencia anida en el seno de nuestra sociedad.

Ahora podemos sentirnos mejor porque los homicidios han disminuido sensiblemente, al igual que otros delitos, pero no podemos llamarnos a engaño y pensar que ya no somos un país violento.

Y esa violencia social extendida tiene un origen:

comienza en el hogar, en la casa, cuando un padre golpea a una madre y cuando los niños y niñas se crían observando que golpear a una madre, a una esposa, a una hermana, a una hija es algo corriente, que sucede a diario.

Es decir, la violencia tiene origen en la violencia contra la mujer, en la violencia en el hogar.

Allí nace este cruel fenómeno que queremos desterrar. Pues bien: comencemos por desterrar la violencia contra la mujer.

Este problema no es exclusivo de El Salvador, ni siquiera de Centroamérica. Las sociedades latinoamericanas son impactadas con fuerza por estos ataques a la dignidad y la seguridad de las mujeres.

Hace unos meses, el Presidente de Colombia inició una campaña por esta misma causa, en un país que también está signado por la violencia y la muerte.

Él decía: “Quien agrede a una mujer agrede al país, se pierde en el camino de la violencia que es el mismo camino de la intolerancia; siembra odio y dolor en una sociedad tan necesitada de amor y de concordia”.

Hago mías esas palabras y quiero compartirlas con ustedes, mujeres; con ustedes, hombres; con ustedes, niñas y niños.

Pero sobre todo con el mundo adulto que es quien marca el camino de las jóvenes generaciones.

Tenemos una nueva ley contra la violencia de género: la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, que debemos difundir a la población y crear las condiciones para su aplicación plena.

También tendremos que elevar las penas que establece el Código Penal, para lo cual habrá que modificarlo mediante una ley.

Pero además, esta noche quiero decirles que este servidor de ustedes y el gobierno que presido tienen la fuerte decisión de iniciar una lucha frontal para acabar con la violencia contra la mujer.

Sabemos que a veces la Policía actúa bien y evita hechos dolorosos. Otras veces, llega tarde. Otras veces no atiende denuncias y no se ocupa de las mismas. Eso no se repetirá.

He hablado con el Director de la Policía Nacional Civil y le he dicho que estoy al lado de cada policía porque sé que están cumpliendo una alta misión, pero que de ahora en más tendrán una misión superior: harán de la violencia contra la mujer y de la violencia intrafamiliar una prioridad.

Y aprovecho para decirles a cada uno de los y las policías y militares que colaboran en labores de seguridad: un golpe a una mujer, una violación o intento de violación, cualquier hecho de violencia física y psicológica contra la mujer no es un delito menor.

De ahora en adelante deberán considerarlos como delitos contra la sociedad, contra la patria.

Pero también debo apelar al Ministerio Público y a todo el Órgano Judicial.

La sociedad no confía en estas instituciones porque ven que a menudo los delincuentes pasan por las bartolinas y los jueces los dejan libres.

O ven que los casos se archivan, o en cuestiones procesales, se libera de culpa a un golpeador.

Es decir, los salvadoreños y salvadoreñas perciben un alto nivel de impunidad en nuestro país.

Por ello, les pido a fiscales y jueces que cambien esa actitud. De ustedes depende en gran medida que esta buena batalla por el respeto hacia la mujer, por la eliminación de la violencia en el seno social, llegue a buen puerto.

De hoy en más nadie está afuera de esta batalla.

Desde ahora nadie puede considerarse ajeno a esta lucha que libramos por el futuro de nuestras familias, de nuestro país.

Nadie puede hacerse el distraído, ni puede pretender justificar la más mínima agresión a una mujer.

Les pido también a las mujeres salvadoreñas que asuman el liderazgo en esta batalla. Este servidor de ustedes y todo el gobierno estarán a su lado para acompañarlas y brindarles los medios y las garantías necesarias.

Sin embargo, como bien dicen los organismos internacionales que trabajan en estos temas, no alcanza con el empoderamiento y la toma de liderazgo de las mujeres; ni siquiera alcanza solo con el esfuerzo de un gobierno.

Es urgente también que participe toda la sociedad para detener, prevenir y tratar la violencia.

Como bien ha dicho Michelle Bachelet –directora ejecutiva de ONU Mujeres–: “Un papel fundamental tienen los hombres, los líderes, jueces, empresarios, esposos, compañeros, hijos, hermanos, amigos.

Es a través de la educación, de campañas de sensibilización, de programas y políticas públicas que podremos enfrentar con eficacia esta realidad.”

Compartimos ese criterio y, de hecho, he ordenado iniciar en breve una gran campaña mediática de concientización y prevención de este tipo de violencia que está en el origen de toda violencia.

Querida familia salvadoreña:

He instruido a la Secretaría de Inclusión Social y al Instituto Salvadoreño de la Mujer –ISDEMU- para que hagan una fuerte labor de difusión de esta temática.

A la par de esto, llevarán adelante acciones tendientes a que se involucre toda la sociedad, sobre todo quienes tienen altas responsabilidades públicas, en la lucha por una vida libre de violencia para las mujeres.

De mi parte, reafirmo esta noche mi compromiso y el de mi gobierno de acompañar a las mujeres en esta lucha, que es la lucha por una país libre de violencia, por una sociedad pacífica, segura y feliz.

Muchas gracias
Que Dios bendiga a El Salvador



San Salvador, 13 de junio del 2012


 

Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer - ISDEMU
REPÚBLICA DE EL SALVADOR, C.A. 9a. Av. Norte #120 San Salvador
Conmutador (503) 2510-4100; Línea gratuita y confidencial: 126
E-mail: isdemu@isdemu.gob.sv DERECHOS RESERVADOS